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Las voces tras el posnatal masculino. Revista Ya.

Las voces tras el posnatal masculino

martes, 24 de octubre de 2017
Por Muriel Alarcón Luco
El Mercurio

Si en 2012 se traspasaron 292 permisos de madres a padres, en 2016 la cifra llegó a 190: un tercio menos. Frente a un número que ha tendido a la baja hay empresas que han innovado asumiendo el costo. Aquí, padres, autoridades y expertos reflexionan sobre los obstáculos que hay para el cambio.

La negociación más difícil que hizo Ignacio Zapata -sociólogo, 34- para tomarse el posnatal fue con quien era, entonces, su mujer.

Para mediados de 2013 Maita, su primera hija biológica, venía en camino.

Ignacio Zapata, analista en una universidad, estaba decidido. Pero al no ser el posnatal masculino un derecho exclusivo del hombre, sino supeditado a la voluntad de la madre, por más que él quisiera usarlo, solo lo conseguiría si ella estaba de acuerdo.

-Al principio me decía que no quería. Después flexibilizó. También porque desde el día uno demostré mi interés. Tuve que convencerla un poco, pero cuando nació nuestra hija se dio cuenta de que mi enfoque era de 50 y 50-dice Ignacio Zapata.

El posnatal es un derecho garantizado a los hombres chilenos que existe desde que en 2011 se aprobara y aplicara la Ley del Posnatal Parental. La ley 20.545, también conocida como el “postnatal de seis meses”, además de extender el beneficio por 24 semanas a la mujer, dio la opción a ella de ceder al padre entre una y seis semanas, equivalentes a un máximo de 42 días.

Una medida que ha permitido, desde entonces, que a partir de la séptima semana, la madre transfiera los días restantes de su posnatal al padre de dos formas: en seis semanas jornada completa o en doce a media jornada.

Ha sido, sin embargo, una licencia que pocos hombres han usado. Según la Superintendencia de Seguridad Social (Suseso) si en 2012 se traspasaron 292 permisos de madres a padres, el año 2015 esta cifra fue de 220 y el año pasado bajó a 190: un tercio menos que la inicial.

Desde 2011 a la fecha, el total de permisos usados por hombres no ha superado el 0,32% anual, y entre enero y agosto de 2017, de los 65.467 permisos entregados, en 139 de ellos se aplicó esta figura, es decir, en el 0,21% de los casos.

Ignacio Zapata optó por un mes de posnatal, en jornada completa, aunque eso le significaba un 35% menos de remuneración y su lugar de trabajo no le reembolsaba la diferencia.

Por otro lado, la madre de Maita en vez de seis semanas adicionales de posnatal tuvo dos.

Al principio, en el trabajo de Ignacio, sus colegas y jefaturas aplaudieron su decisión. Pero cuando se acercó el momento de tomarlo, se mostraron inquietos. El procedimiento para conseguir el permiso fue complejo.

-Nadie te ayuda en nada. Como nadie se lo toma, en el Departamento de Recursos Humanos nadie sabe nada. En la Inspección del Trabajo tampoco había mucha (información), entonces estuve mucho rato haciendo papeleo, de un lugar a otro. En la isapre no estaba claro cómo se traspasaba el subsidio. Casi nadie maneja la información.

A pesar de los obstáculos, Ignacio no desistió. Por su trayectoria laboral ha estudiado temáticas como la importancia del apego temprano. No pasó así con amigos suyos, quienes, viendo su caso, comentaron sus ganas de adoptar el beneficio. Incluso menos tiempo. Una, dos semanas.

-Pero no lo hicieron. En los trabajos los molestaban. Les decían prácticamente que eran “poco hombres” por querer tomárselo. Es difícil. También porque hay mamás que no quieren ceder el espacio.

Sin incentivos

Desde su oficina en el centro de Santiago, Romy Schmidt, intendenta de Beneficios Sociales de la Suseso, mira las cifras que lo demuestran: El posnatal masculino ha tendido a la baja desde su creación.

-El impulso inicial de compartir la responsabilidad parental entre el padre y la madre no ha sido eficiente -dice y agrega:

-Se puede ser sumamente progresista en determinadas iniciativas, pero si no van acompañadas de un cambio cultural, la población las va a rechazar y van a ser letra muerta.

Así, según Schmidt, para incrementar la cifra se necesita algo mucho mayor que un simple cambio legal.

-Todavía no hay un consenso social. Sin duda, a veces, al cambiar la legislación, aceleras ciertos cambios sociales, pero también hay que ser cuidadoso porque la resistencia a algo que yo no quiero, a lo que me están obligando, puede tener un efecto más negativo como que, por ejemplo, dejo el cuidado de mi hijo en cualquiera y voy a hacer otra actividad o incluso me llevo todo el trabajo a la casa y no atiendo a mi hijo. Es una medida que requiere un involucramiento de todos los estamentos de la sociedad y en eso estamos débiles. Tenemos una herramienta, que puede ser perfeccionada, por supuesto, pero tenemos una herramienta.

En la Suseso, explica Schmidt, tienen como objetivo velar por el correcto uso del beneficio.

-Pero no hay una campaña de difusión en este minuto ni hay una obligatoriedad para que el empleador, por ejemplo, entregue la información o capacite. Eso no existe ni es resorte nuestro.

 

-Lo que hay, más bien, son políticas de las empresas, reconocimientos, del tipo “Best place to work”, que incorporan esta mirada. Pero es algo voluntario, deseable, pero no obligatorio -agrega Claudio Reyes, superintendente de Seguridad Social.

Sin embargo, dice Reyes, hay de parte de empresas, sobre todo extranjeras multinacionales, la intención de implementar políticas. Señala que son “organizaciones que entendieron que el bienestar de sus trabajadores es una condición necesaria para un desarrollo sustentable de la empresa”.

-Son muy pocas -dice Schmidt-. Es parte de la experiencia internacional que ya están aplicando en Chile. La mayoría de las empresas dice: “No, tú no tienes derecho”, “¿cómo voy a tramitar esto?”. No hay un incentivo para que ocurra. Y podría haberlo.

-Estas iniciativas privadas son motivos para celebrar -dice el psicólogo Francisco Aguayo, investigador en Masculinidades y Paternidades- pero solo alcanzan a un porcentaje muy pequeño de la población.

Francisco Aguayo, quien públicamente se ha mostrado crítico del diseño de esta medida, subraya que un problema grave es que el posnatal masculino deba tomarse durante el mismo plazo fijado como el recomendable de la lactancia materna exclusiva.

-Así es totalmente razonable que hoy no esté siendo transferido a los papás y que sea la mamá quien use el permiso -dice Aguayo.

-Por otra parte, y en relación al diseño de este permiso -agrega Carina Lupica, autora de la publicación “Trabajo decente y cuidado compartido, hacia una propuesta de parentalidad” (OIT-PNUD)- fue concebido como una nueva licencia para las madres, quienes pueden cederla en parte y de manera voluntaria a los padres para el cuidado de sus hijos.

De acuerdo a la experiencia internacional, explica Lupica, una de las características que contribuyen a que la tasa de uso de los permisos parentales sea más igualitaria entre hombres y mujeres es que este permiso no sea transferible entre hombres y mujeres.

Aguayo dice que cuando los países han pasado de una licencia parental transferible a un formato de cuota de paternidad -da el caso de Suecia y Noruega- han aumentado notablemente los papás que lo toman.

 

un derecho

En el círculo de amigos de Ignacio Zapata hubo varios que se sorprendieron de su decisión.

-”¿Cómo se te ocurre?”, me decían. “Más encima tu guagua es mujer”. Era más una desinformación. Hay un mito que dice que las mujeres tienen como un instinto natural de cuidar a las guaguas, y no: uno va aprendiendo en el día a día a cuidar a su hijo.

Sobre pensar que entre un padre y una hija debiera haber una distancia es el tipo de comentarios más recurrentes en el seno de las empresas -tanto trabajadoras como trabajadores, jefes y jefas, o directivos- que suele escuchar la ministra de la Mujer, Claudia Pascual.

-Y es el tipo de conversaciones que hay que tener para poder derribar el estereotipo-dice, desde su oficina, Pascual-. Hoy está mucho más validado que un hombre “padre” pueda salir con sus hijos a una tarde en el parque, llevarlos al cine, llevarlos a comprar algo, que quedarse las 24 horas a cargo del niño y, por último, por un día. ¿Pero un mes? ¿Y recién nacido? Te colocan caras, te hacen comentarios, te pueden felicitar a ti, pero “qué rara igual tu señora que te haya dado permiso, que te lo haya aguantado”. A eso nos referimos con que la legislación siempre se puede perfeccionar y actualizarse, pero si no hay un cambio cultural que sustente esa práctica, la ley puede ser letra muerta. Es un avance que Chile la tenga, pero tenemos que trabajar mucho más sostenidamente por ese cambio cultural.

Pascual insiste en que falta una conversación que sea capaz de derribar los mitos, los estereotipos y prejuicios de qué es ser hombre y ser mujer y cómo lo ejercemos.

-Y en este caso, en la relación con los hijos y las hijas.

José Miguel Guerrero, 35 años, periodista en la Subsecretaría del Interior, padre de Gaspar y Alfonsina, por su trabajo estaba relativamente encima del tema. Cuando comenzó la tramitación del proyecto del posnatal masculino estaba trabajando en el Congreso. Y sabía los alcances del debate. Apenas supo que Alfonsina -su primera hija biológica- venía en camino, un mes después de que se promulgara la ley, decidió que serían dos meses -entre marzo y abril del 2012- los que se tomaría. José Miguel Guerrero recuerda que un día antes de comenzar el proceso, una de sus jefas le preguntó en una reunión frente a sus compañeros que para qué se tomaría el posnatal. Y ella se sorprendió de que él solo respondiera que quería “disfrutar y cuidar de su hija”.

-No me creyó o no me entendió. Definitivamente, nunca calzó en su concepción del mundo que un papá podía cuidar a su hija de meses-dice y agrega:

-Cuando informé que me tomaría dos meses de posnatal entendí que la pelea no era con mi género, ni con los dueños de la empresa, sino con las mujeres que no concebían que un papá fuera capaz de cuidar a su hijo. La ley ya existe, hay que hacerle modificaciones, como por ejemplo establecer que el derecho sea para ambos padres y no compartido, pero, sobre todo, hay que comenzar con el cambio cultural. Sin eso, por más que existan leyes, seguirá ocurriendo lo mismo.

Sentar un precedente

En la empresa Natura -donde trabaja un 23% de hombres- impulsaron, hace un año, para Latinoamérica, una campaña para que los colaboradores tomaran 40 días a partir del día de nacimiento de su hijo. El primero en ocuparlo fue José Miguel Gallegos, gerente de finanzas, 40 años, semanas después que naciera su hija Simona, hoy de diez meses.

Ni con Clemente (5) ni con Raimundo (2), sus hijos mayores, pensó en solicitar a su mujer la transferencia de su posnatal: solo usó los cinco días legales. Con Simona usó los 40 días entre el 22 de noviembre de 2016 y los primeros días de enero de 2017.

-Mi primer impulso fue no tomarlo -reconoce José Miguel-. Era fin de año. Estaba con montón de cosas de cierre de año: presupuesto, qué sé yo, pero finalmente después, reflexionando, nos dimos cuenta de que si Natura estaba poniendo ese beneficio era porque creemos que es necesario y es bueno para incentivar el vínculo padre-hijo en los primeros 40 días de vida. Si yo no me lo tomaba, iba a estar entregando un mensaje contradictorio a la organización.

-Para nosotros fue muy bueno que quien primero se lo tomara fuera el jefe de Finanzas-dice Lucía Martínez, gerenta de Asuntos Corporativos y Sustentabilidad de Natura-. Nos ayudó a sentar un precedente.

No renunciar a esta medida, dice Gallegos, implicó que su equipo debió asumir mayor responsabilidad en ese período. Con los 40 días que le dio su empresa -sin ninguna variación en su sueldo, ni ningún impacto en sus días de vacaciones-, Gallegos no consideró que fuera necesario -además- tomar el posnatal masculino.

-Me pareció suficiente. Si lo extendía pasaba a regirme por la legalidad del proceso, (lo que significaba) que se reduciría mi sueldo. Hay un impacto económico en quienes se toman el posnatal cuando tienen ingresos mayores al tope. Eso desincentiva.

Martínez cuenta que todo trabajador que ha tenido el derecho al beneficio se lo ha tomado. Nadie ha renunciado a él. Este año lo han tomado dos trabajadores y los próximos meses debieran tomárselo dos más.

-Como la renta no se toca, no es con tope, y como es una política corporativa, no existe el temor del qué dirán -dice Martínez-. A esta altura como que ya ni se cuestiona. Ha empezado a pasar que se ha vuelto parte de la cultura. La gente se programa. La empresa sigue facturando. No es que por entregar este beneficio vaya a haber una pérdida de productividad o un descalabro a nivel organizacional. Todo lo contrario: los trabajadores vuelven muy motivados.

Martínez recuerda el primer tiempo. Cuando los trabajadores preguntaban qué pasaría si ellos no tomaban el beneficio. Nadie los compensaría con dinero ni nada parecido.

Al analizar el número de subsidios traspasados al padre entre 2011 y 2016, Alejandra Sepúlveda, directora ejecutiva de ComunidadMujer, subraya que los padres que presentan la mayor tasa de uso (0,3% y 0,27%) son los que tienen las remuneraciones más altas, entre 1,6 y 1,8 millones y sobre los 1,8 millones de pesos, respectivamente, triplicando la tasa de aquellos que tienen remuneraciones inferiores a los 400 mil pesos y duplicando la de los que ganan entre 400 y 800 mil pesos.

-Esto es un desincentivo para trabajadores y trabajadoras que exceden el tope, cuestión que como sabemos es más probable que ocurra en el caso de los hombres, pues reciben mayores remuneraciones. Así, en un escenario en que el tope afecta más al padre, el costo familiar de renunciar a su salario es mayor, y por tanto no conviene que este haga uso del posnatal parental, mientras que si la mamá ejerce su derecho, la merma en el ingreso familiar no se produce o es menor.

Padre modelo o atípico

Sebastián Cepeda, 38 años, ingeniero, dice que la principal impulsora de su posnatal fue su mujer.

-Era importante como familia, por la crianza compartida y, también, para su desarrollo profesional-dice.

En rigor, el posnatal que él tomó en 2015 no tuvo que ser consensuado con nadie más que con el socio con el que había montado su propio emprendimiento años atrás: una empresa que prepara estudios sobre temas como el cambio climático.

 

Así, lo que tuvo que decidir fue el tiempo que destinaría a cuidar a su hijo Camilo. Y negoció con su esposa que este fuera medio día. Ella optó por tomarse el medio día restante. Con esto, pudo alargar y estar hasta los siete meses con él.

-Lo que, a la vez, permitió que mi señora no se desconectara tanto de la pega-dice-. Sabíamos que se podía compartir pero al sacar los cálculos, el 2015 había un tope respecto al tema del sueldo que te cubría el permiso. Por lo tanto, optamos que fuese mi esposa la que tomara el permiso. En mi caso, era a costo personal.

Al principio, el periodista José Miguel Guerrero cada vez que andaba con su hija sentía las miradas encima. En muchos lados -la clínica, en el jardín, en el parque- era el único papá.

-Una vez, en un control médico con Alfonsina, una señora mayor se me acercó y poco le faltó para abrazarme y darme el pésame -recuerda José Miguel-. Pensaba que la mamá de Alfonsina había muerto, por eso estaba yo a media tarde con ella en el doctor. Ante estas situaciones te das cuenta de lo culturalmente arraigado que está el machismo en nuestra sociedad. No sé si soy un padre modelo o atípico, lo único que sé es que desde el instante en que adopté la decisión de “ser padre” supe que estaría con mis hijos en todo momento. *

“Hay un mito que dice que las mujeres tienen como un instinto natural de cuidar a las guaguas, y no: uno va aprendiendo”, dice Zapata

Fuentes:

http://www.economiaynegocios.cl/noticias/noticias.asp?id=410177

http://impresa.elmercurio.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2017-10-24&dtB=24-10-2017%200:00:00&PaginaId=64&SupplementId=2&bodyid=0


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